Maritza Nez

Kullervo, de Maritza Núñez

Viaje hacia un aprendizaje mayor
que uno mismo y que el mundo

Alicia Calderón Fort
Pontificia Universidad Católica del Perú

 

Kullervo, personaje tomado del Kalevala, epopeya que recopila mitos y leyendas de dioses, héroes y personajes diversos de épocas antiguas finlandesas, es, para la autora, un personaje fascinante, como todos los que ella toma del mundo, o de su mundo, para dotarlos de vida propia y humanidad desgarradora, y entregarlos al universo literario y dramático con gran ímpetu y dulzura. Así, Kullervo llega hasta nosotros hoy, gritándonos deliberadamente o susurrándonos al oído problemas existenciales y verdades universales que nos enfrentan con la belleza y la crueldad del mundo de antes, de ahora y de siempre.

 

El texto, dividido en 15 cantos o cuadros —mostrando su relación con la epopeya y con el guión cinematográfico— presenta al protagonista desde la cárcel, purgando su condena por homicidio, como narrador en primera persona de su propia historia. Éste expone al público, como una especie de confesión o testimonio último, toda la información necesaria para que pueda comprender, o tal vez decidir si juzgar o no. Finalmente, Kullervo conoce mejor que nadie la importancia de la propia decisión.

Muchos elementos se entretejen formando la estructura de la obra e influyendo en el desarrollo y desenlace del personaje de manera fundamental: la presencia del destino griego como algo omnipotente e irrevocable, —todo ya está dicho, todo ya está escrito— contra el cual el hombre no puede luchar y ante el que sólo le queda la aceptación apacible y la resignación constante frente a las situaciones que giran el rumbo de su vida; los elementos freudianos personificados en los sueños (pesadillas) y en las pulsiones eróticas y tanáticas, impulsos sexuales y destructores ante los cuales el personaje parece no luchar para controlarlos —simplemente se deja llevar, es arrastrado por ellos al igual que por el destino—; la espiral ambivalente de culpa y venganza, crimen y castigo, que lo convierte en victimario y víctima al mismo tiempo; y el afán inmenso y absoluto de alcanzar una voluntad y una decisión propias, reflejado en una serie de caminos, encrucijadas, encuentros y desencuentros.

Personaje marginado, fragmentado y torturado, Kullervo no ha disfrutado de una infancia feliz y segura, ni posee hogar ni raíces auténticas; es un ser desarraigado del mundo, de la realidad y de sí mismo. Posee una naturaleza contradictoria y salvaje, que el mismo asume al reconocer la esencia tribal de su alma. Teniendo mucho en común con los héroes trágicos griegos —sobre todo con Edipo por la historia similar de incesto accidental—, tiene a la vez una profunda inocencia que poco a poco va perdiendo a medida que comete los crímenes y ve cara a cara la verdadera naturaleza de la vida que le tocó vivir.

La historia se desenvuelve dentro de un escenario en el que se contrastan el mundo de los bosques y de los seres míticos y el mundo de hoy, reflejando un juego continuo entre lo real y lo irreal, e intercalándose situaciones cotidianas e inmediatas con situaciones mágicas o de carácter ritual o de ensueño.

La multitud de escenarios ideados por la autora se forman gracias a una mezcla constante de paisajes andaluces e ingredientes de carga gitana como la noche, la luna, el mar, la playa, el verano, etc., y la presencia permanente de los cuatro elementos básicos: la tierra, el fuego, el agua y el aire, representando la fuerza de la naturaleza imbatible y el espíritu primitivo del ser humano.

El tratamiento rítmico del lenguaje se apoya en la impecable unión de una prosa poética bellísima con el habla coloquial andaluza.

 

Un elemento muy importante del texto es la relación de Kullervo, protagonista masculino, con los distintos personajes femeninos que se va encontrando a lo largo de su camino. La primera figura femenina que se hace presente en su vida, aún antes de la madre a la que aparenta no recordar, es la mujer del herrero, su primera conquista. Desde este momento se insinúa una tendencia al incesto debido a que el herrero representa a su vez su primera figura paterna real, después del padre desaparecido en el incendio, y su primer maestro; entonces de alguna manera podemos comenzar a atisbar una conducta desafiante y riesgosa, y un destino fatídico.

Volviendo a la mujer, con ella no conoció el amor, fue sólo la imposibilidad de controlar el impulso erótico y la curiosidad por aprender lo que lo llevó a poseerla y descubrir el sexo. Probablemente ella sí se enamoró de él y por eso le demandaba atenciones que él todavía no podía comprender por no conocer dicho sentimiento. Ilustrando el comienzo de la invariable relación Eros – Tánatos que atraviesa toda la obra, su inicio en la sexualidad lo lleva a su vez a su inicio en el crimen, y así su primera mujer gozada se convierte en su primer asesinato Ambas decisiones consideradas como sus primeras propias; a partir de este momento sus acciones ya no dependerán de nadie más, a excepción del indefectible destino. En este momento tal vez podamos suponer algún grado de culpa o remordimiento debido a la cercana relación antes descrita con el herrero, pero la autora lo insinúa de manera tan sutil que ya queda al mejor gusto de cada lector/espectador realizar su propia interpretación al respecto.

La segunda mujer, la hechicera, aparece en el comienzo de su viaje, en uno de los pasajes más poéticos y diáfanos del texto, como la imagen de un “primer amor” envuelto en un aura fugaz y mágica. Personaje mítico —hada, ninfa, sirena o ángel— ella actuará como una presencia vaticinadora, una especie de pitonisa u oráculo, que le brindará la primera revelación o anagnórisis de la obra: que sus padres viven y que tiene una hermana.

A partir de este momento comienza una etapa de retorno a su pueblo de origen, de re-conocimiento de las cosas, y sobre todo, de sus padres. Aquí reaparece con fuerza la figura de la madre como portadora de una sabiduría superior y sobre todo, como imagen de consuelo y refugio, partiendo del símbolo del vientre materno —espacio habitado por ambos hermanos— como lugar idílico y fuente de felicidad, cuyo calor, poseedor de connotaciones positivas y constructivas, se opone al calor del fuego, negativo y destructor. Esto deriva en una tregua de aparente estabilidad (final del canto VI), que si no supiéramos de antemano que él está condenado y que estamos dentro del formato de la tragedia, podríamos asumir la continuación de un final feliz.

Posteriormente, al ir en busca de su hermana, se topa primero con dos mujeres, que son las primeras que lo rechazan, marcando nuevamente la idea del destino: sólo podrá estar y tener a quién esté destinado, a nadie más.

La hermana es el personaje femenino más importante, la figura de la única mujer para él, del amor absoluto, sin la menor conciencia del pecado que significa. Su encuentro amoroso nos recuerda los versos encendidos del poeta cubano José Jacinto Milanés “Prendiste mi corazón, hermana esposa mía. Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa, miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano. Huerto cerrado eres, hermana esposa mía, fuente sellada.”; y también nos genera la sensación de conjunción de dos mitades, de almas gemelas, reunidas nuevamente por el poderoso Destino.

Es justo después de este enlace aparentemente dichoso e inquebrantable que se sucede la segunda anagnórisis: la amada es la hermana, el incesto ha sido perpetrado y ya no hay vuelta atrás. Así, al igual que conoció en una misma moneda las caras del sexo y del crimen, es ahora cuando conoce, juntos e inseparables, el amor y el miedo… a lo terrible, a lo inevitable, a lo venidero…

Finalmente, el último personaje femenino es la mujer de la discoteca, que marca el retorno al placer por el placer, sólo sexo sin amor, intercambio agresivo y ardiente de fluidos y orgasmos. Nuevamente la idea del fuego se hace presente en su vida y esta vez, es el fuego de la pasión el que lo marca para siempre y enciende en él el fuego de la venganza.

Hay una imagen femenina adicional, que no está dentro del relato personal del protagonista pero que es aludida por éste: la abogada, la imagen que tiene de sexualidad dentro del encierro, que demuestra todavía sus ganas de controlar y poseer, aún después de todo lo vivido. Es importante también porque refleja la concepción actual del personaje acerca de la mujer: ya no vale la pena escuchar nada que pueda salir de su boca, después de todo, eso sólo trae desgracias.

 

Otro personaje que vale la pena resaltar es el viejo ciego que se encuentra en la carretera, alusión directa al adivino Tiresias, personaje de las tragedias de Sófocles, el cual obsesiona a la autora desde hace mucho, sobre todo por la dicotomía ceguera – sabiduría: se puede ver y entender el presente y el futuro con mucho más que con los ojos. Es fundamental la relación que se da entre este personaje y Kullervo porque es similar a la que se da entre los héroes griegos y sus adivinos o consejeros en la tragedia: todos cometen el pecado de Hybris, el orgullo, se burlan de ellos y de sus palabras, y hasta los insultan; pero finalmente esas mismas palabras demuestran la verdad y los héroes son castigados por haberlas rechazado. Kullervo desatiende los consejos del viejo y eso hace que su camino retorne a la senda de la venganza y el asesinato, paradójicamente siguiendo de manera fiel los pasos de su destino.

 

Por otro lado, igual de substancial es la carga simbolista del texto, que le otorga más de una dimensión a todos los niveles de la historia. Elementos como la navaja, legado de su padre y alusión a la tradición gitana; el chucho, perro como guardián de las puertas del infierno y mejor amigo del hombre; el cólera, enfermedad que se transforma en sentimiento, o viceversa, y que acaba con sus padres; el Tritón, animal estridente y maléfico pero fantástico y surreal; el pan y el vino, imagen bíblica de despedida y redención, etc., aportan mayor profundidad y multitud de referentes a un texto que de por sí toca las fibras de cualquier integrante de la condición humana por su cercanía y capacidad de identificación.

Finalmente, después del remordimiento o la culpa por los cuatro asesinatos, tres homicidios y un suicidio, que se le adjudican; después de la añoranza e imploración por la felicidad que pudo haber tenido; después de todas las identidades, explicaciones e interpretaciones que giran en torno a él y a sus actos; y, más que nada, después de la peregrinación que fue su vida y que lo llevó hasta donde se encuentra ahora, Kullervo tiene una certeza: rechaza al mundo.

Rechaza al mundo porque en él no hay descanso, ni piedad ni libertad verdaderas, no hay perdón ni suyo ni ajeno porque el peor verdugo siempre es uno mismo. En el último momento de su vida aprende que sí existe la posibilidad de elegir, el libre albedrío sí puede enfrentarse al hórrido destino y vencer, porque el ser humano puede rechazar el poder de éste en su vida, rechazando la vida misma y ahorrándose todo el sufrimiento que viene con ella. Esa conclusión, esa conciencia lleva a Kullervo a un estado de suspendida tranquilidad, a un reencuentro y reconciliación consigo mismo, a un acto final de redención liberadora… Por fin es libre.

Lo central de la obra no es esta conclusión sino el camino que lo llevó hasta ella. Como siempre se dice, lo importante no es alcanzar la felicidad sino buscarla; la esencia de la obra está en la búsqueda de Kullervo de su propia identidad, de esa libertad que tanto ansía, y en el aprendizaje que alcanza en esta búsqueda y que lo lleva a crecer y a tomar decisiones propias y definitivas. Kullervo emprende un viaje/recorrido hacia el descubrimiento de sus propios sentimientos; hacia un aprendizaje que lo lleva a una verdad superior, a una verdad que lo hace libre.

Y es eso precisamente lo que todos nosotros podemos reconocer; finalmente, ¿Qué hay más innato al ser humano que el aprender a ser libre?Todos nos hemos sentido como Kullervo en algún momento de nuestras vidas, todos hemos sido Kullervo, todos seguiremos descubriendo a Kullervo mientras continúe nuestro propio aprendizaje, todos diremos, con plena conciencia de nuestras palabras, “Mientras se aprende, la vida merece ser vivida”

Y aprenderemos…

Y seremos libres…

 

 

 

©2006 Maritza Núñez