Maritza Nez

Presentación de Niña de cera

Luis Peirano
publicada en la revista Muestra (Lima) en 2001–2002

 

Camino hacia una mujer por medio de otra, a través de la lectura de Niña de cera, un monólogo en dos actos, con pausa obligada, como una parada en el camino para dejar bien claro que no se trata solamente del recorrido apasionado de un solo acto, de un solo tirón, como decimos en el teatro, sino de un recorrido con ritmo racional, analítico, que nos permita el buen uso de cada uno de los recursos que cada una de estas dos mujeres nos ofrece.

Es una acción teatral suave, musical, que parte del sueño y sus afanes de pesadilla, de sus buenos y malos deseos, pero con un nerviosismo que nos ubica en la indagación del acto creativo a partir de la memoria.

Una mujer latinoamericana que ganó hace tantos años el premio Nobel no es para menos. Merece una indagación que no puede ser mera exégesis de su obra. Lucila Godoy estuvo allí, esa gran noche de reconocimiento por el mundo entero, ocultando su vestido deslucido para la ocasión, y por esto alguno llegó a creer que Gabriela Mistral no había asistido al acto.

Pero este momento culminante no es sino el principio del afán de Maritza Núñez, otra poeta, por entenderla. ¿Por qué el pseudónimo, más allá de sus admirados Federico Mistral y Gabrielle D’ Annunzzio? Su memoria del Norte Chico chileno, de su indagación racial, de su desapego a la formalidad, su amor al amor imposible, su alivio al perderlo, la vuelta al principio. Todo dicho de una manera, para empezar, otra vez, a decirlo de otra, porque la primera no fue suficiente. Fuiste y no fuiste. No fuiste y serás. Fuiste y ya no eres. Siempre interrogándose frente a las trampas del amor.

Afirmarse en un pedazo de cielo y a la vez evitar el llanto sentándose a comer naranjas parece ser su manera, su destino. Rechazar su propio nombre, aceptar que el odio y el amor conviven en su memoria, en pos del tiempo que nos hace mejores pero que nos lleva de vuelta a la naturaleza y por esto mismo a la muerte inevitable.

La poesía es el recurso mayor que hilvana las dos almas y la que nos propone una manera de entenderlas. Este camino nos lleva a un final con leve nostalgia, incluso con una pizca de amargura, donde cada cosa queda en su lugar, luego de una acción que nos hizo, a todos, uno, gracias a esta bella manera que nos brinda el teatro para entender la vida.

 

Luis Peirano es uno de los más importantes directores de teatro del Perú.

 

 

 

©2006 Maritza Núñez